Page 356 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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comisuras—.  Y  tampoco  es  un  privilegio.  Sólo  es

           arriesgar el cuello para negar un mundo lleno de gente


           como nosotros.



                 —Pero maldición…



                 Everard se puso en pie.



                 —Tengo que ir —dijo con severidad—. No sé por qué,

           pero tengo que ir.



                 Van Sarawak asintió.



                 Dejaron  el  escúter  en  un  grupo  de  árboles  y


           atravesaron el campo.



                 Sobre el horizonte y en el cielo esperaban un centenar

           de  patrulleros,  pero  aquello  era  poco  consuelo  entre

           lanzas y flechas. Nubes bajas corrían apresuradas frente

           a  un  viento  silbante;  llovía  un  poco;  la  soleada  Italia


           disfrutaba de su tardío otoño.



                 A  Everard  la  coraza  le  resultaba  pesada  sobre  los

           hombros mientras recorría el barro mezclado con sangre.

           Llevaba  casco,  grebas,  un  escudo  romano  en  el  brazo


           izquierdo y una espada al cinto; pero con la mano derecha

           sostenía  un  aturdidor.  Van  Sarawak  daba  zancadas

           detrás de él, equipado de forma similar y moviendo los

           ojos bajo la pluma de oficial agitada por el viento.

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