Page 357 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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Las trompetas atronaban y resonaban los tambores.

           Todo se perdía entre los gritos de los hombres y los golpes


           de  los  pies,  los  chillidos  de  los  caballos  sin  jinete  y  el

           silbido  de  las  flechas.  Sólo  unos  cuantos  capitanes  y

           exploradores seguían montados; como sucedía a menudo


           antes de la invención del estribo, lo que empezaba como

           una batalla de caballería se convertía en una batalla a pie

           cuando  los  lanceros  caían  de  sus  monturas.  Los


           cartagineses  empujaban,  golpeando  el  metal  afilado

           contra las torcidas líneas romanas. Aquí y allá el conflicto

           ya  se  dividía  en  pequeños  grupos,  donde  los  hombres

           maldecían y cortaban a extraños.



                 El  combate  ya  había  atravesado  aquella  área.


           Alrededor  de  Everard  se  encontraba  la  muerte.  Se

           apresuró tras las tropas romanas, hacia el distante brillo

           de las águilas. Por entre cascos y cadáveres, distinguió


           una enseña que flameaba triunfante en rojo y púrpura. Y

           allí,  alzándose  monstruosos  frente  al  cielo  gris,

           levantaban  las  trompas  y  bramaban  una  manada  de

           elefantes.



                 La guerra siempre había sido igual: en absoluto líneas


           ordenadas sobre un mapa, nada de galantería chillona,

           sino  hombres  que  perdían  el  aliento,  sudaban  y

           sangraban perplejos.



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