Page 359 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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Empezó a correr. Un legionario pasó a su lado,
aullando de pánico. Un enorme veterano romano escupió
al suelo, clavó los pies y permaneció donde estaba hasta
que lo mataron. Los elefantes de Aníbal barritaban y
andaban a ciegas. Las líneas cartaginesas se mantenían,
avanzando y siguiendo el inhumano pulso de los
tambores.
¡Vista arriba, ahora! Everard vio hombres a caballo,
oficiales romanos. Sostenían las águilas en alto y lanzaban
gritos, pero nadie podía oírlo en aquella confusión.
Pasó un pequeño grupo de legionarios. Su líder
ordenó a los patrulleros:
—¡Por aquí! ¡Les daremos una lección, por el vientre
de Venus!
Everard negó con la cabeza y continuó. El romano
gruñó y saltó hacia él.
—Ven aquí, cobarde… —Un rayo aturdidor cortó sus
palabras. Cayó sobre la porquería. Sus hombres se
estremecieron, alguien gimió y el grupo se dio a la fuga.
Los cartagineses estaban muy cerca, escudo con
escudo y las espadas rojas. Everard veía claramente una
cicatriz en la mejilla de un hombre, la gran nariz aquilina
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