Page 393 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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le había apartado más de u vez del matrimonio.
—Creo que el agente Everard se refiere a hijos aquí,
en Tiro —dijo Chaim Zorach—. Antes de venir de Sidón,
tomamos un barco, como tú, porque íbamos a
convertirnos en moderadamente visibles en la sociedad.
Con discreción, compramos un par de niños a un tratante
esclavos y los hemos hecho pasar por propios. Tendrán
una vida buena como podamos procurarles. —Se
callaban que, probablemente eran los sirvientes quienes
se encargasen de educarlos; sus padres adoptivos no
podían permitirse depositar en ellos demasiado amor—.
Eso nos evita parecer poco naturales. Si desde entonces la
matriz de esposa se ha cerrado, es un infortunio común.
A veces me tratan de tonto por no tomar una segunda
esposa o, al menos, una concubina, pero en general los
fenicios se preocupan de sus propios asuntos.
—Entonces, ¿os gustan? —preguntó Everard.
—Oh, sí, en general sí. Tenemos excelentes amigos
entre ellos. Mejor que así sea, siendo éste un nexo tan
importante.
Everard frunció el ceño y chupó con fuerza de la pipa.
La cazoleta se había puesto cómodamente cálida en su
mano, encendida como pequeño fuego de hogar.
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