Page 516 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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despedida de la corte de Hiram, pero Pum estaba en
éxtasis.
El muelle estaba lleno de sonidos: el roce de los pies,
el choque de las pezuñas, el crujido de las ruedas, el
alboroto de los barriles rodando. Entraba carga de Ofir, a
través del Sinaí, y los estibadores descargaban los
costosos fardos. Los marineros descansaban en la taberna
cercana, donde una chica bailaba al son de la música de
la flauta y el tamboril; bebían, jugaban, reían, presumían,
intercambiaban historias de países lejanos. Un vendedor
cantaba alabanzas de sus dulces. Pasó cargando un carro
tirado por un burro. Un sacerdote de Melqart, con una
espléndida túnica, hablaba con un austero extranjero
servidor de Osiris. Un par de aqueos de pelo rojo se
abrían paso con aspecto de piratas. Un guerrero de larga
barba venido de Jerusalén y el guardaespaldas de un
dignatario filisteo intercambiaron miradas, pero la paz de
Hiram detuvo sus espadas. Un hombre negro vestido con
piel de leopardo y plumas de avestruz atraía un enjambre
de pilluelos fenicios. Un asirio caminaba con dificultad,
sosteniendo el bastón como si fuese una lanza. Un
anatolio y un rubio del norte de Europa caminaban del
brazo, borrachos de cerveza y alegres… El aire olía a
tintes, heces, humo, alquitrán, pero también a sándalo,
mirra, especias y sal.
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