Page 514 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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En ese caso Everard no sintió piedad. Pero no había

           querido matarlo en aquel encuentro. No. Cautivos vivos,


           bajo  psicointerrogación  perfectamente  inofensiva  y  sin

           dolor, podrían dirigir a la Patrulla a todo tipo de villanos

           interesantes.



                 Everard  hizo  descender  su  vehículo.  El  motor


           vibraba,  manteniendo  su  posición  contra  las  olas  que

           entrechocaban, el viento que rasgaba, aullaba y enfriaba.

           Tenía  las  piernas  fuertemente  apretadas  contra  la

           estructura. Se inclinó sobre la montura, agarró al hombre


           semiconsciente, lo levantó y lo colgó del asiento. «¡Vale, a

           coger algo de altitud!».



                 Fue  por  pura  casualidad,  pero  no  por  ello  menos

           satisfactorio,  que  él,  Manse  Everard,  resultase  ser  el


           agente  de  la  Patrulla  que  había  atrapado  a  Merau

           Varagan.



                 El escuadrón buscó un lugar tranquilo para evaluar la

           situación antes de ir al futuro. Eligieron un islote  egeo


           deshabitado.  Los  acantilados  blancos  surgían  de  aguas

           cerúleas, cuya quietud sólo se veía alterada por el reflejo

           de la luz del sol y por la espuma. Las gaviotas volaban

           igualmente  luminosas  y  gritaban  mecidas  por  la  brisa.


           Por  entre  los  pedruscos  crecían  arbustos.  El  calor  les

           arrancaba  un  aroma  acre  a  sus  hojas.  Muy,  muy  lejos

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