Page 715 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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En el patio, los guerreros reales dieron la vida para

           que sus compañeros del interior se preparasen. Los recién


           llegados  cayeron  sobre  ellos  en  sobrecogedor  número.

           Las hachas tronaban, las espadas chocaban, los cuchillos

           y  las  lanzas  se  hundían.  Con  la  presión,  los  hombres


           heridos no se derrumbaban inmediatamente; los que lo

           hacían no volvían a levantarse.



                 A la cabeza del asalto, un joven gritó:



                 —¡Wodan está con nosotros! ¡Wodan, Wodan! ¡Ah! —

           Su espada volaba asesina.



                 Los  defensores  equipados  apresuradamente  se


           dispusieron  a  defender  la  puerta  principal.  El  enorme

           joven fue el primero en atacarlos. A derecha e izquierda,

           los  que  lo  seguían  embistieron,  golpearon,  clavaron,

           patalearon, empujaron, rompieron la línea y pasaron por


           encima de los restos.



                 A  medida  que  la  vanguardia  entraba  en  la  sala

           principal,  los  soldados  sin  armar  retrocedían.  Los

           atacantes se detuvieron, jadeando, cuando su líder gritó:



                 —¡Esperad a los demás!



                 En  el  interior  se  apagó  el  sonido  de  la  batalla,  que


           proseguía en el exterior.


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