Page 181 - Un caso de conciencia -James Blish
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- No; creo que se trata de algo bien real ‐ dijo ‐. Son
condiciones intolerables para un ser humano. Y no sólo
porque se vean obligados a permanecer en el fondo de
un agujero noventa de cada cien días. A fin de cuentas
están convencidos de que viven cada día al borde del
aniquilamiento. Enseñaron a sus padres a pensar así,
de otra forma jamás hubiera habido impuestos
suficientes para financiar el plan de construcción de
refugios subterráneos. Y como es natural han enseñado
a sus hijos a ver las cosas del mismo modo. Es
inhumano.
- ¿Tú crees? ‐ dijo Michelis ‐. Durante siglos la gente
ha estado al borde de la extinción..., hasta la época de
Pasteur. ¿Cuándo fue eso?
- Pues nada menos que en el mil ochocientos sesenta
‐ respondió Ruiz‐Sánchez ‐. Pero no; ahora las cosas
son muy diferentes. Antaño la peste escogía las
víctimas a capricho. Los hijos de uno podían
sobrevivir. En cambio, las bombas de fusión no
perdonan a nadie. ‐ Se sobresaltó involuntariamente ‐.
Y aquí me tienes. Hace unos instantes me sorprendí a
mí mismo pensando en que el espectro de la
destrucción que preside todos nuestros actos es no sólo
inminente, sino trascendente. Estaba parodiando una
tragedia. Antes de la era médica la muerte era a un
tiempo inminente e inmanente, perentoria y actuante
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