Page 183 - Un caso de conciencia -James Blish
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xenozoólogos del mundo.


               - ¿Cómo está usted? ‐ saludó Mike, gravemente ‐. De

             modo  que  el  padre  y  usted  se  han  constituido  en


             padres adoptivos de nuestro huésped litino, ¿no es así?

             Yo diría que es una grave responsabilidad  para una

             muchacha  tan  joven.  El  jesuita  experimentó  el  poco


             ortodoxo deseo de propinar al larguirucho químico un

             par de patadas en las espinillas, pese a que no parecía

             haber malicia alguna en la voz de Michelis.


               La muchacha se limitó a fijar la vista al suelo mientras

             aspiraba  un  poco  de  aire  por  los  labios  ligeramente

             entreabiertos.


               - Ah‐tan‐deska ‐ musitó, en una extraña mezcla

                 idiomática.


               Michelis  enarcó  las  cejas,  pero  en  seguida  pudo

             comprobar que Liu no tenía intención de añadir una

             sola palabra más. Con un leve mohín de contrariedad,


             fruto  de  la  confusión  que  sentía,  Michelis  se  volvió

             hacia el sacerdote, al que sorprendió en el momento


             mismo en que la sombra de una sonrisa desaparecía de

             sus labios.

               -  Parece  que  he  metido  la  pata ‐  dijo  Michelis,


             sonriendo con sarcasmo ‐. Pero me temo que por algún

             tiempo estaré demasiado ocupado para practicar mis

             modales.  Quedan  muchos  cabos  por  atar.  Ramón,


             ¿cuándo crees que podrás dejar al hijo de Chtexa en



                                                                                                        183
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