Page 179 - Un caso de conciencia -James Blish
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miembros...  Pero  ¿cómo  desmantelar  una  economía


             subterránea  levantada  al  costo  de  veinticinco  mil

             millones de dólares anuales durante veinticinco años,


             una economía incrustada en la superficie de la Tierra

             en forma de incontables miles de millones de toneladas

             de hormigón y acero encastrados a dos mil kilómetros


             de profundidad? La verdad es que no había modo de

             hacerlo  y  que  a  partir  de  entonces  el  planeta  se

             convertiría en un mausoleo para los vivos hasta que la


             propia Tierra pereciera: sepulcros y más sepulcros.

               La palabra resonó como un lejano aldabonazo en los

             oídos de Ruiz‐Sánchez. El sordo retumbar de la ciudad


             subterránea hizo vibrar el cristal ante el que se hallaba

             Ruiz‐ Sánchez. Entremezclado con el fragor se oyó el


             inquietante rechinar de un mecanismo mal ajustado,

             más acentuado que otras veces, como una pesada bala

             de cañón que diera vueltas y más vueltas por una guía


             de madera vieja y astillada.

               -  Pavoroso, ¿verdad? ‐ dijo la voz de Michelis detrás


             de  él.  Ruiz‐Sánchez  miró  sorprendido  al  corpulento

             químico; sorpresa que no era debida a no haberle oído

             entrar, sino por el hecho de que Mike le dirigiera de


             nuevo la palabra.

               - Sí, en efecto ‐ contestó ‐. Me alegra que también tú lo

             hayas observado. Pensé que después de haber estado


             ausente  tanto  tiempo  se  debía  a  un  exceso  de



                                                                                                        179
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