Page 187 - Un caso de conciencia -James Blish
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para demostrar si no su argumento sí al menos su fe en


             él.  El  tímido  genio  del  mecanicismo  que  sabía  cómo

             arrojar gatos por la ventana pero no cómo enfrentarse


             a  los  papas,  nunca  se  había  topado  con  un  genuino

             autómata, y por ello no tuvo ocasión de observar que

             lo que falta en los animales no es un alma sino una


             mente.  Un  computador  capaz  de  redondear  los

             parámetros de las ecuaciones de Haertel para todos los

             valores posibles y realizar además la operación en dos


             segundos  y  medio  es  un  portento  en  el  plano

             intelectual, pero un retardado en el orden emocional.

               De la misma forma que una criatura no pensante pero


             que  responde  a  la  más  pequeña  experiencia  con  la

             plenitud  de  unas  sensaciones  inmediatamente


             aprehendidas ‐  olvidadas  también  en  el  acto‐  que

             afectan a su cuerpo todo, necesita la muerte temporal

             que es la noche para prolongar su vida, así también el


             cuerpo  animal  nacido  a  la  vida  necesita  la  brega

             cotidiana  para  convertirse  al  final  en  el  soñoliento


             adulto  confiado  en  sí  mismo  que  sus  genes  llevan

             programado desde mucho tiempo ha. Pero también en

             esta  tesitura  el  inefable  Alguien  que  velaba  por


             Egtverchi se había abstenido de intervenir. En el lecho

             de lodo en que se hallaba había mezclado jabón en un

             porcentaje  calculado  que  le  permita  revolcarse  y


             agitarse  en  el  fondo  de  la  vasija  sin  que  pudiera



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