Page 245 - Un caso de conciencia -James Blish
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seria de su agrado.
- ¿Dónde ha oído usted esta canción?
- En ninguna parte ‐ respondió Egtverchi ‐. La he
reconstruido aquí y ahora. El sesgo de su mirada me
indicó que era usted normanda.
- ¿Cómo lo has sabido? ‐ inquirió Michelis, cuya
curiosidad e sobrepuso a la irritación que le poseía. Era
la primera vez que detectaba aptitudes musicales en
Egtverchi.
- Caramba, Mike, por los genes ‐ respondió el litino.
Su mente, escuetamente lógica como la de sus
congéneres, atendió más la sustancia de la pregunta
que al tono en que fue formulada ‐. Así conozco mi
nombre y el de mi padre. E‐G‐T‐V‐E‐R‐C‐H‐I
constituye la configuración de los genes de uno de mis
cromosomas. Los alelos de la G, V e I corresponden sin
duda a mi madre. Mi corteza cerebral puede acceder
por vía sensorial directa a mi composición genética.
Nosotros percibimos la estirpe donde quiera fijemos la
mirada, de la misma forma que ustedes perciben los
colores. Es uno de los espectros del mundo real.
Nuestros antepasados inocularon este sentido en
nosotros. A ustedes les iría bien hacer lo propio. Es
conveniente conocer el linaje de un hombre antes
siquiera de que abra la boca.
Michelis sintió un ligero aunque evidente escalofrío
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