Page 243 - Un caso de conciencia -James Blish
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¿Tenia que ser
Egtverchi el terapeuta?
Absurdo, sí; pero
¿quién si no?...
- Esta noche le veo a usted muy tétrico ‐ se lamentaba
la condesa ‐. ¿No ha pensado más que en complacer a
los chiquillos y adolescentes?
- No. A excepción de mi mismo ‐ se apresuró a
contestar Egtverchi ‐. Además, yo soy también un
muchacho. Vea si no: no sólo tengo por padres a unos
mamíferos, sino que soy mi propio tío, como estos
sujetos que entretienen a la chiquillería por la
televisión y que son siempre los tíos de todo quisque.
Condesa, observo que no aprecia mis palabras en lo
que valen. A cada minuto que transcurre mis
afirmaciones cobran más relevancia, pero usted no
quiere darse cuenta. Aun cuando me transformara en
su madre seguiría bostezando usted.
- Por mí como si ya lo hubiera hecho ‐ dijo la condesa,
fulminándolo con la mirada cargada de aburrimiento ‐
. Por tener no le falta ni su papada ni los malditos
dientes planos. Y luego la forma de hablar... ¡Santo
Dios!... No, conviértase en otra cosa, pero procure que
no se parezca a Lucien.
- Si estuviera en mi mano me transformaría en el
conde ‐ dijo Egtverchi, con un tono de pesadumbre en
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