Page 246 - Un caso de conciencia -James Blish
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de temor. Se preguntó si Chtexa había mencionado este
rasgo a Ruiz‐Sánchez. Lo más probable era que no, de
lo contrario un hallazgo tan fascinante para un biólogo
hubiera inducido al jesuita a hablar de ello. En todo
caso era demasiado tarde para comentar el asunto con
el sacerdote, pues éste se hallaba camino de Roma, y
Cleaver todavía resultaba más inabordable. En cuanto
a Agronski no alcanzaría a comprender las
implicaciones del caso.
- ¡Qué cosa más insulsa! ‐ se lamentó la condesa, que
había recobrado casi por entero el dominio de sí
misma.
- Si, insulso para los torpes y tardos de comprensión
‐ dijo Egtverchi sin borrar la eterna sonrisa de su rostro,
que en cierto modo quitaba malicia a todo lo que decía
‐. Pero yo me ofrecí a recrearla y no lo he conseguido.
Ahora le toca el turno a usted, ¿no le parece? A fin de
cuentas soy el invitado de honor. Veamos, ¿qué tiene
en el subsótano, por ejemplo? Echemos un vistazo.
¿Dónde está mi joven guardia? Que alguien los
despierte: hemos de ponernos en camino.
Durante el curso de este diálogo, la nutrida
concurrencia de invitados había permanecido con el
oído atento, disfrutando del torpe forcejeo de la
condesa con los múltiples y aguzados espolones
dialécticos de Egtverchi. Cuando ella inclinó su
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