Page 241 - Un caso de conciencia -James Blish
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A la luz de lo expresado por Egtverchi, las bandas
cobraban horrendo y racional sentido. En la actualidad
nadie creía en la posibilidad de la guerra nuclear, pero
nadie consideraba, tampoco, que fuera viable el
retorno puro y simple a la superficie. La presencia de
miles de millones de toneladas de hormigón y acero
era demasiado ostensible para que fueran
abandonadas sin más. Los adultos no albergaban
esperanzas para sus hijos y menos aún en lo tocante a
ellos mismos. Durante el tiempo que Michelis estuvo
ausente, en el paraíso litino, el número de delitos
gratuitos en la Tierra ‐delitos cometidos sólo para
escapar al tedio corrosivo de la vida de ultratumba‐
había rebasado la suma global de los restantes delitos.
La semana anterior, un demente de la Comisión de
Orden Público había propuesto el vertido de dosis
masivas de sedantes en los depósitos de
abastecimiento de aguas. La Organización Mundial de
la Salud ordenó la expulsión de aquel energúmeno en
el plazo de veinticuatro horas, puesto que llevar a la
práctica la sugerencia hubiera duplicado los delitos
mencionados, mermando todavía más la ya escasa
responsabilidad de la población. Sin embargo, era
demasiado tarde para contrarrestar el terrible efecto
moral que causó la desatinada propuesta.
La Organización Mundial de la Salud tenía buenas
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