Page 300 - Un caso de conciencia -James Blish
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Poco después del amanecer Ruiz‐Sánchez atravesó
con paso decidido el circulo de la plaza de San Pedro
en dirección a la cúpula, que dominaba todo el
entorno. Pese a lo temprano de la hora, la plaza era un
hormiguero de peregrinos, y la cúpula de la basílica,
dos veces más alta que la Estatua de la Libertad,
sobresalía del bosque de columnas ceñuda y
amenazante, envuelta en el halo del alba como la faz
de Dios.
Pasó bajo el arco derecho de la columnata, por
delante de los guardias suizos con sus fantasiosos y
llamativos uniformes, y cruzó el portalón de bronce.
Allí se detuvo para, con inusitado fervor, murmurar las
oraciones prescritas por las intenciones del papa,
obligatorias en aquel Año Santo. Frente a él se elevaba
el Palacio Apostólico. Le asombraba que un edificio de
tan maciza construcción fuera a la vez tan espacioso.
A la derecha de la primera puerta halló a un hombre
sentado ante una mesa. Ruiz‐ Sánchez se dirigió a él y
le dijo:
- He sido convocado para una audiencia especial con
el Santo Padre.
- Que Dios le bendiga. El despacho del mayordomo
está en la primera planta, a la izquierda. Aguarde...,
¿ha dicho usted una audiencia especial? Por favor, ¿me
permite ver la citación?
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