Page 302 - Un caso de conciencia -James Blish
P. 302

en  su  porte  ni  en  sus  gestos  huella  alguna  de  la

             ampulosidad  latina.  Antes  de  acceder  a  la  silla


             pontificia se había ganado una bien merecida fama de

             católico  con  una  pasión  casi  luterana  por  las  más


             agrestes y sinuosas veredas de la teología moral. Tenia

             algo de Kierkegaard y  de Gran Inquisidor al mismo

             tiempo. Después de su elección sorprendió a todo el


             mundo al dar pruebas de gran interés ‐uno casi no se

             resistía a llamarlo interés de negocios‐ en los asuntos


             temporales, aunque sus palabras y sus actos estaban

             impregnados de la flema tan característica del discurso

             teológico  de  las  gentes  del  norte.  El  hecho  de  haber


             elegido el nombre de un emperador romano cuadraba

             perfectamente  con  su  imagen  según  constató  Ruiz‐

             Sánchez. Era el suyo el rostro de un hombre cuyo perfil


             hubiera podido figurar en una moneda imperial, aun a

             pesar  de  la  expresión  bondadosa  que  atemperaba  el

             rostro de tosca talla.


               El pontífice permaneció de pie durante la entrevista,

             mirando a Ruiz‐Sánchez con lo que parecía al principio


             abierta curiosidad.

               - De  los  millares  de  peregrinos  que  acuden  a

             visitarnos  tal  vez  sea  usted  el  que  más  necesita  de


             nuestra  indulgencia ‐  expresó  el  pontífice  en  inglés.

             Junto a él una cinta grabadora giraba silenciosamente.


             Adriano era hombre que gustaba de tener copia fiel de

                                                                                                        302
   297   298   299   300   301   302   303   304   305   306   307