Page 304 - Un caso de conciencia -James Blish
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transcurrían  en  su  presencia ‐.  Sin  embargo,  Nos

             tenemos pocas esperanzas de otorgársela. Nos parece


             increíble que de toda nuestra grey sea precisamente un

             jesuita quien haya caído en el maniqueísmo. La Orden

             a que usted pertenece explica con particular cuidado


             los errores que se derivan de esta herejía.

               - Su Santidad, las


               pruebas...

               Adriano alzó la

               mano.


               - No perdamos tiempo. Nos estamos al corriente de

             sus opiniones y argumentos. Son muy sutiles, padre,

             pero de todas formas ha pasado algunas cosas por alto.


             Pero por el momento dejemos a un lado este asunto.

             Hábleme antes de esta criatura, de Egtverchi, no como

             engendro del diablo sino del juicio que le merecería si


             fuera un ser humano.

               Ruiz‐Sánchez  frunció  el  ceño.  Había  en  el  vocablo


             «engendro»  algo  que  despertaba  en  su  interior  un

             sentimiento  de  culpa,  como  si  hubiera  pospuesto  el

             cumplimiento  de  una  obligación  y  fuese  demasiado


             tarde para remediarlo. Era el mismo sentimiento que

             acompañó  a  una  absurda  y  reiterada  pesadilla  que

             padeció  en  sus  días  de  estudiante,  cuando  llegó  a


             convencerse de que no lograría graduarse porque no

             había asistido a todas las clases de latín. Sin embargo,



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