Page 306 - Un caso de conciencia -James Blish
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- Su exposición me parece muy sensata ‐ comentó
Adriano, con gran sorpresa por parte de Ruiz‐Sánchez
‐. No cabe duda de que se avecinan acontecimientos
imprevisibles, y existen indicios de que puede que
sobrevengan en este año. De momento hemos rogado
al tribunal de la Santa Inquisición que se abstenga de
actuar según sus métodos. Creemos que recurrir a ellos
en las circunstancias actuales constituiría un craso
error.
Ruiz‐Sánchez no salía de su asombro. Así pues, ¿no
iban a excomulgarle? Los acontecimientos que
percutían su cerebro evocaban el monótono e incesante
golpeteo de la lluvia en Xoredeshch Sfath.
- ¿Por qué, Santidad? ‐ dijo con voz desmayada.
- Porque consideramos que usted puede ser el
hombre que el Señor ha escogido para esgrimir las
armas de san Miguel ‐ dijo el papa, midiendo cada una
de sus palabras.
- ¿Yo, Santidad? ¿Un hereje?
- Tampoco Noé era perfecto, como usted recordará
muy bien ‐ dijo Adriano con lo que cabía interpretar
como el esbozo de una sonrisa ‐. Sólo fue un hombre al
que se dio una segunda oportunidad. También Goethe
tenia algo de hereje, y no obstante revisó la leyenda de
Fausto ajustándola a la misma conclusión: la redención
es el eterno enigma, la esencia del gran drama, y debe
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