Page 112 - Limbo - Bernard Wolfe
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interconexiones  entre  esos  10.000  millones  de



            células,  acerca  de  la  forma  en  que  actuaban


            conjuntamente,  estaban  casi  enteramente  en  la


            oscuridad. ¿Cómo, pues, podía saber uno lo que


            su escalpelo estaba haciendo cuando lo hundía en


            la materia gris del cerebro de alguien? Uno podía


            echar a un lado esa cuestión y seguir adelante con


            su cirugía sólo si uno contemplaba a la gente, no



            como  organismos  únicos  con  personalidades


            únicas  —marañas  neurónicas  únicas,  si  lo


            prefieren— sino como a máquinas. Las máquinas


            son desechables y reemplazables. Una máquina


            es muy parecida a cualquier otra.


                  Este había sido su dilema: era un lobotomísta



            que no se atrevía a acercarse a un lóbulo humano.


            Resolvió el problema, al menos temporalmente,


            eludiendo los deberes propios del hospital: pasó


            a formar parte de un laboratorio donde se estaban


            efectuando  experimentos  de  cirugía  cerebral  en


            mamíferos  superiores.  Allí  elaboró  algunas


            nuevas  técnicas  quirúrgicas  y  realizó  varios



            experimentos extraordinarios que le dieron gran


            reputación;  sus  informes  fueron  publicados  en


            muchos  periódicos  técnicos,  fue  invitado  a  dar


            conferencias ante cuerpos de especialistas, y así.


                  Pero aunque estaba ayudando a adquirir unos



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