Page 162 - Limbo - Bernard Wolfe
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a él, sus extremos cruzados, una punta era pasada



            por debajo y a través para formar un nudo, las dos


            mitades  echadas  a  cada  lado  para  apretarlo,  su


            longitud ajustada y luego enderezadas, el cuello


            bajado.



                  Theo  depositó  los  platos  sobre  la  mesa,  se


            acercó  al  parasol  (un  parasol  luminoso),  y  se


            volvió de modo que dio su espalda a Martine.


                  —Me tomó casi siete meses aprender este


                  truco —dijo con una modesta risita.



                  Sus amigos empezaron a aplaudir. Martine los


            ignoró:  estaba  mirando  de  nuevo  la  larga  y


            zigzagueante cicatriz que descendía a lo largo de


            aquel  amplio  cráneo,  una  cicatriz  como  un


            gusano, blanca y abultada.



                  ¿Qué era lo que estaba intentando recordar?


                  Permaneció  de  pie  en  la  oscuridad  por  un


            momento, con las manos alzadas, como si acabara



            de  esterilizarlas  y  estuviera  aguardando  los


            guantes  de  caucho:  sintió  un  crepitante


            hormigueo en las puntas de sus dedos.


                  Se le ocurrió un extraño



                  pensamiento: mis manos se están


                  ruborizando. Encendió la luz y las


                  examinó: relucían sudorosas.


                  Sabía  que  en  sus  estados  fuertemente

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