Page 161 - Limbo - Bernard Wolfe
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Sujetando aún la corbata, extendió la mano
sobre la mesa y tomó dos platitos pequeños.
—Piensen un poco —dijo—. ¿Recuerdan lo
torpes que acostumbraban a ser nuestras
auténticas manos? Por ejemplo, la mayor parte de
la gente con manos auténticas no coordinan lo
suficiente como para hacer juegos malabares, ni
siquiera con dos platitos, y cuando se trata de
atarse el nudo de la corbata, bien, les sobran
dedos por todas partes. Ahora observen esto.
Utilizando solamente una mano, empezó a
lanzar los platos por encima de su cabeza, uno
tras otro. Tras cada movimiento, en la fracción de
segundo entre soltar uno y agarrar el otro, la
mano volaba hacia su cuello, se agitaba allí, luego
volvía a descender justo a tiempo para alcanzar el
plato que caza. El ojo del observador podía captar
el esquema general de los movimientos —brazo
alzado, mano moviéndose en el cuello; brazo
bajado, mano preparada para coger el plato—,
pero las maniobras detalladas de los dedos eran
con mucho demasiado rápidas como para ser
vistas más que como un confuso agitarse. Sin
embargo, todo iba efectuándose: mientras los
platillos subían y bajaban a un ritmo perfecto, el
cuello era abotonado, la corbata colocada en torno
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