Page 202 - Limbo - Bernard Wolfe
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El  rostro  de  la  muchacha  estaba  enrojecido,



            apenas se fijó en Martine mientras  formulaba su


            pregunta  de  rutina.  —Creo  que  prefiero  el


            servicio  del  helicóptero  —dijo  éste.  Deseo  ir  al


            Hotel Gandhiji.



                  —Puerta Tres —dijo ella mecánicamente—. El


            helicóptero  de  allí  le  llevará  directamente  al


            tejado del Gandhiji.


                  —Gracias. —Hubiera deseado añadir: «Y aquí


            tiene un consejo de amigo: una auténtica mujer no


            necesita ir exhibiéndose así», pero se contentó con



            pensarlo.


                  ¿Era aquello una muestra de la Nueva Mujer,


            resultado de décadas de excesivo pudor y timidez


            y  mojigaterías,  épocas  que  habían  sido



            destronadas par la nueva libertad americana? Era


            posible, pero cuando los velos de la modestia eran


            arrancados, lo que aparecía a la vista era algo aún


            más  sospechoso:  una  excesiva  fanfarronería


            acerca de las propias proezas eróticas. Porque las


            antiguas  ideas  sobre  la  sexualidad  femenina


            (aplicables  también  a  la  sexualidad  masculina)


            permanecían:                     los         requerimientos                       y        las


            aceptaciones  no  debían  parecer  un  acto  de



            compraventa, no se aceptaba que fueran abiertos


            y francos... la falsa modestia debía ser mantenida


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