Page 315 - Limbo - Bernard Wolfe
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profunda y forzada... tenía todos los síntomas del



            pánico,  sin  lugar  a  dudas,  un  conjunto  de


            tropismos estaban actuando en él.


            ¿Cómo  eludir  esas  malditas  apisonadoras


            internas? Pero en el momento en que se planteó


            de esta forma la pregunta a sí mismo, sintió que


            los músculos de su nuca y hombros se tensaban


            aún  más.  Se  hallaba  en  una  situación  infernal,



            semántica  y  psicosomáticamente:  su  gran


            apisonadora  interna  era  la  propia  palabra


            «apisonadora»... una contingencia que ni el señor


            James ni el señor Lange habían previsto.


                  —¿Podemos entrar y echar un vistazo? —


                  dijo—. Es algo fascinante.



                  —Vamos —dijo Jerry—. Nos quedan aún unos


                  minutos antes de la última conferencia.



                  Había  docenas  de  electrodos  aplicados  al


            cuerpo  de  cada  estudiante,  a  los  dedos  de  las


            manos  y  de  los  pies,  a  los  muslos  y  a  los


            antebrazos  —donde  quedaba  alguno—,  a  la


            pelvis, al cuello, a la frente, casi por todas partes.


            Los  cables  de  estos  terminales  iban  a  morir  en


            hileras  de  enchufes  a  lo  largo  de  cada  litera,  y


            parecían  estar  conectados  a  bancadas  de



            indicadores de tono en la pared de atrás, una serie


            de diales para cada litera.


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