Page 311 - Limbo - Bernard Wolfe
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—Prosiguió—. Una gran lección: que, sin
perspectiva, o con una perspectiva errónea, el ojo
no ve más que espejismos. ¿Pero acaso el
Alucinador pretende demostrar que tras cada
forma del mundo exterior que capta el ojo no hay
más que el caos? En absoluto. Lo único que
demuestra es que las formas que construyen
nuestros ojos por el engaño de las palabras o los
tópicos pasados de moda son alucinaciones.
Existen formas en el mundo silencioso, pero
¿seremos capaces de verlas cuando nos
ayudamos con las palabras alucinadoras?
Observen.
Todo el lado de la caja debía estar montado
sobre goznes, de modo que pudiera abrirse como
una puerta. El conferenciante sujetó una manija y,
con un gesto teatral —Martine casi esperó oírle
pronunciar palabras cabalísticas—, lo abrió.
Lo que apareció ante el estupefacto auditorio
no fue ni un minero cibernético ni un amasijo de
trozos de materiales y cables y cuerdas. Lo que
apareció fue otra figura distinta, compuesta por
los mismos elementos que el perforador, pero
haciendo otra cosa: era un hombre en la cima de
un montículo, el cuerpo arqueado como el de un
bailarín de ballet, la cabeza hacia atrás, los brazos
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