Page 347 - Limbo - Bernard Wolfe
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multitud.



                  Martine se alzó del banco, agitando la cabeza,


            sintiéndose  algo  débil,  y  avanzó  hacia  la


            concurrencia. El orador había interrumpido ahora


            su exhibición gimnástica, y estaba hablando ante



            el micrófono:


                  —¡No! ¡Oh, no, hermanos! La apisonadora no


            puede perseguir a los amps, que son capaces de


            saltar a gran altura cuando se les antoja. Pero ese


            pobre  tipo...  —señaló  con  un  acusador  dedo


            transparente  a  la  figura  de  piedra  que  yacía



            postrada, con las piernas aplastadas bajo el gran


            cilindro  y  los  brazos  alzados  al  aire  en  una


            petrificada petición—. Meteos esto en la cabeza:


            hay que eludir la apisonadora. Naturalmente, los


            AntiPros os dirán que su único ideal es también


            eludir  a  esta  vieja  dama.  Pero  hacedme  caso,


            amigos:  si  no  podéis  moveros  aprisa,  con



            coordinación                      supercortical                     y         controles


            superneurónicos, ¡oh, tenéis tantas posibilidades


            de  alejaros  de  la  vieja  dama  como  el  Hermano


            Vishinu  de  ganar  los  Juegos  Olímpicos  con  su


            lengua!


                  El  público  parecía  estar  de  acuerdo  con  el



            joven  orador;  muchas  cabezas  asintieron


            vehementes,  y  muchas  manos  aplaudieron  de


                                                                                                      347
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