Page 345 - Limbo - Bernard Wolfe
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unas irresistibles náuseas en el estómago: sin
duda algo, cualquier comida semántica de las que
había ingerido le había sentado mal. El
pensamiento le hizo reír (¿o quizá llorar?) con
más fuerzas todavía.
Duró algunos instantes. La gente reunida en
torno a él se apartó del escaparate y se quedó
mirándolo, sin comprender. Cuando se hubo
recuperado lo suficiente como para moverse, se
irguió y corrió calle abajo, aún sofocado,
intentando librarse de las lágrimas con un
pañuelo.
No muy lejos había un banco vacío: se
derrumbó en él, secándose los ojos. El ataque lo
había dejado tan débil como un gatito recién
nacido. Tenía gracia el que, aunque no había
probado bocado desde primeras horas de la
mañana, ahora sintiera unos deseos tan
imperiosos de vomitar.
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