Page 353 - Limbo - Bernard Wolfe
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El  orador  saltó  de  nuevo  por  los  aires,



            alzándose  por  encima  de  las  cabezas  de  su


            auditorio. Esta vez, sin embargo, había soltado el


            micrófono de su soporte y se lo había sujetado a


            su  solapa,  de  tal  modo  que  su  voz,  tranquila,


            controlada,  segura,  burlona,  siguió  sonando


            mientras su cuerpo pirueteaba por los aires.



                  —Mirad  a  la  vieja  dama,  ya  no  puede  ni


            siquiera escupirnos. Le diré cada vez, vieja puta,


            que  soy  el  atrevido  hombre  de  las  prótesis


            volantes. ¡Eludámosla! Cuando uno puede saltar


            hasta el techo cada vez que lo desee, la vieja dama


            se siente traicionada, no puede conseguir ninguna


            víctima  jugosa,  todo  lo  que  puede  hacerse  es



            mirar y mirar... ¡ja, ja, ja!... ¡ja, ja, ja!...


                  Saltó una y otra vez, con su firme voz sonando


                  por encima del gran círculo de la plaza.


            La multitud estalló en frenéticos aplausos,



            sonaron gritos y silbidos de aprobación.


                  Martine  dobló  apresuradamente  la  esquina.


            Caminaba  febrilmente.  Durante  largo  rato  vagó


            por el centro de la ciudad, ahora apresurándose


            por las arterias principales que se alejaban de la


            plaza central, ahora metiéndose en calles laterales



            que la eludían. En una esquina se detuvo ante un


            puesto  callejero  y  pidió  un  perro  caliente,  pero


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