Page 356 - Limbo - Bernard Wolfe
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a Martine a través de los ruidos del tráfico.



                  Su  primer  impulso  fue  huir,  echar  a  correr,


            pero  se  quedó  allí,  las  piernas  temblorosas.  La


            muñeca viviente al extremo de la izquierda, sin


            dejar  de  mirarle  ni  por  un  momento,  estaba



            hablándole,  directamente  a  él,  oía  su  voz  por


            encima de todas las demás. No deseaba oírla, no


            deseaba quedarse allí, pero lentamente, pensando


            en la perversidad que hace que un hombre hunda


            su lengua en  una  cavidad  dolorosa de su  boca,


            avanzó  hacia  el  escaparate  y  se  detuvo  allí,


            bajando la vista hacia la figura en la canastilla.



                  Los  ojos  azules  se  clavaron  en  él,  pozos  de


            suave  acusación  o  quizá  simplemente  neutras


            láminas  de  espejo  reflejando  su  propia


            culpabilidad,  alguna  oscura  culpabilidad,  algo


            que tenía que ver con el roncar y el no roncar, y


            los  labios  se  movieron,  y  las  palabras  llegaron



            suavemente a sus oídos.


                  —Hemos perdido el verdadero camino —dijo


            la muñeca que no era una muñeca, sin expresión


            que alterara sus rasgos de muñeca viviente—. Es


            tarde... el tiempo de la rueca ha pasado.



                  —El  tiempo  de  la  rueca  ha  pasado


            definitivamente —susurró roncamente Martine—


            . Para siempre.


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