Page 401 - Limbo - Bernard Wolfe
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—Usted no comprende —dijo el amp—.
Concederle al cuerpo una tal importancia,
implicar que cualquier vehículo corporal es digno
de vivir por toda la eternidad, es equipararlo al
espíritu. ¿Para qué molestarse en conservar un
cuerpo? Cuando la mente sea tan poderosa como
es capaz de serlo, simplemente no morirá: se
desmaterializará, como hace Dios en sus
Encarnaciones. Surgiendo de la nada, todo es
posible, siempre que aceptemos que la nada es
algo deseable, que el estado idóneo es el del ser
contemplativo, el triunfo del principie vegetativo,
el fin de la lucha y el forcejeo. Oh, créame en esto...
Una progresión lógica: Santo en un estandarte,
Santo en una caverna, Santo sobre una caja de
jabón, Santo en el escaparate de unos almacenes,
con un mantita infantil azul celeste cubriéndolo.
San Simeón, San Agustín, San Helder... Sí, todo
era tan lógico como el mismísimo infierno. Desde
lavarse ocasionalmente y dejar las liendres en el
cabello y llevar bastos hábitos hasta el atronador
pacifismo y luego a la amputación voluntaria, y
finalmente al pleno e inamovible seno materno,
había un paso. ¡El Santo se convertía en un cesto,
en un capazo, en una canastilla! Ahí estaba ahora
tendido ese amp, con sus hoscos gestos
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