Page 516 - Limbo - Bernard Wolfe
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Déjate hacer, tesoro. No te agites.
Así que había que elegir: ser hombre o Immob.
Soltó su abrazo sobre ella, lleno de desprecio
hacia sí mismo. De acuerdo, pensó. Ella estaba
acostumbrada a irse a la cama con hombres que
no tenían ni brazos ni piernas, que se quitaban sus
brazos y sus piernas, eso era. Lo único que tenía
que hacer era pretender que era cojo de ambas
piernas y manco de ambos brazos y dejarla hacer.
Cualquier cosa con tal de complacer a aquella
devoradora de hombres. Sólo para experimentar
una nueva sensación, para acercarse al borde de
lo oceáníco. La posición no lo era todo en la vida...
Pero lo que ocurrió entonces fue aún más
sorprendente.
—Oh, mi corderito —suspiró ella, y de pronto
se volvió de piedra, una estatuta de un antiguo
bajorrelieve corintio, y él se vio abligado a
permanecer inmóvil también. Estaban
congelados hasta el cuello en una antigua urna
griega, una urna procedente de la edad del hielo,
tremendamente congelado, y uno no se echa a reír
en un tiempo tan solemnemente inmovilizado.
—No lo intentes —susurró ella—. Sólo
quédate inmóvil, mi amor, quédate inmóvil, mi
vida. No hagas ningún esfuerzo. Deja que ocurra.
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