Page 514 - Limbo - Bernard Wolfe
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mezclaba con la palidez del melocotón.



                  Neen cruzó la habitación. Estaba excitada, las


            aletas de su nariz vibraban como orugas gemelas,


            sus gruesos labios se entreabrían con el esfuerzo


            de respirar, sus pechos se alzaban y descendían



            enérgicamente, sus ojos estaban entrecerrados y


            demasiado brillantes. Cuando se inclinó sobre él


            Martine  supo  inmediatamente  lo  que  quería  y


            luchó contra ello, determinado en un impulso de


            su voluntad masculina a no concederle a ella la


            iniciativa.



                  —¿Qué ocurre, amorcito? —susuró ella—. Creí


                  que me deseabas.


                  —Así es —dijo él—. A mi manera.


            Precisamente ahora me siento un poco chapado a



            la antigua.


                  —Pero si sólo hay una manera.


                  —No estaba bromeando; creía en lo que decía.



                  —No. Esto es una sorprendente frigidez


            animal para un humanista. ¿Nadie te ha


            enseñado nunca cuál es tu lugar?



                  —¿No te gusta así? —Había una auténtica


                  sorpresa en su voz.


                  —Mucho. A veces. Pero no ahora, no esta vez.



                  —No debes luchar, mi pirulí de




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