Page 1227 - Anatema - Neal Stephenson
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Por otra parte, Lio, que se había traído al Convox Sistemas
armamentísticos exoatmoféricos de la Era Práxica, nos había
aconsejado que no nos pusiésemos gallitos, y Jules había
añadido que los urnudanos, antiguos maestros de la
guerra en el espacio, habían acoplado disposines a
excelentes telescopios, lo que les permitía buscar entre un
vasto número de imágenes para encontrar lo que estuviera
fuera de lugar. Los señuelos, por ejemplo, eran fáciles de
detectar, porque habitualmente no eran más que globos,
cuyo enorme tamaño y reducido peso los hacía mucho
más sensibles al roce de la atmósfera evanescente que las
cargas reales.
Así que las órbitas de los señuelos se comportaban de un
modo ligeramente diferente a las de las verdaderas cargas.
Además, una vez que los urnudanos hubiesen creado un
censo de todo el material enviado por los doscientos
misiles, estarían en condiciones de notar cualquier
desaparición o un cambio de órbita. Eso sólo podía
suceder si el objeto tenía impulsores y sistemas de guía.
Por tanto, en ese sentido ya habíamos fastidiado la
misión. Teníamos que recurrir a la seguridad de los
números: tener la esperanza de que la desaparición de mi
manta no fuese detectada a la velocidad suficiente para
que el Pedestal pudiese responder.
Pero me estaba adelantando. Para que esa manta pudiese
desaparecer súbitamente antes tenía que encontrarme con
los otros.
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