Page 1226 - Anatema - Neal Stephenson
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posición. Pero, si hacía algo, no tendrían forma de deducir


          mi paradero.

            No  tenía  muchos  suministros  de  emergencia:  sólo  una

          manta de poli metalizado, como la manta de emergencia


          que le habían dado a Orolo tras el Anatema, pegada al

          pecho del traje. Debía usarla para bloquear la luz del sol,

          cuando  fuese  necesario,  evitando  que  diese  de  lleno  en


          nuestros  trajes  negros  y  los  recalentara,  lo  que  hubiese

          obligado  al  sistema  de  refrigeración  a  trabajar  más  y

          consumir más oxígeno. Solté la mía y la desdoblé, lo que


          no era fácil con esquelemanos, y la usé para cubrir todo lo

          que pude de la nuclear, para luego meterme debajo.


            —Línea de visión.

            Suponiendo que estuviesen mirando, los telescopios de

          la Daban Urnud ya podían verme, aunque sólo como un


          trozo  de  basura  lanzado  por  los  doscientos  misiles.

          Distracción.


            Vamos  a  ponerlo  en  perspectiva:  la  Daban  Urnud  se

          encontraba como a catorce mil millas de distancia. Y en su

          aproximación más cercana a Arbre, el planeta tenía para


          ellos el tamaño de una tarta a un brazo de distancia. En su

          posición  más  alejada,  el  tamaño  de  un  plato.  Que  ellos

          viesen mi manta, a esa distancia, era como intentar ver un


          envoltorio de chicle a cien millas. Peor (aunque para mí

          mejor),  era  como  mirar  un  campo  lleno  de  basura

          intentando encontrar un envoltorio concreto entre todos


          los demás.



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