Page 1224 - Anatema - Neal Stephenson
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esquelemano. Luego me volví, estimando como pude
dónde podría estar el globo y vi… no vi nada. O más bien,
vi demasiado. Nuestra estrategia de despiste había sido
como un tiro por la culata. A esa distancia no tenía forma
de distinguir lo verdadero de lo falso. A la misma
distancia de mí había tres globos… ninguno a menos de
diez millas. Incluso si acertaba por casualidad, no podría
llegar a ninguno en tres minutos. Y si me equivocaba
usaría tanto combustible para llegar allí que me quedaría
varado.
Por otra parte, la nuclear y yo estábamos en una órbita
estable. Volví a comprobar los datos, ya que nuestras vidas
dependían de ellos. La forma y tamaño de la órbita eran
tales que no volveríamos a entrar en la atmósfera. Al
menos no durante un día o dos.
¿Y si me quedaba quieto? Me quedaban como dos horas
de oxígeno, pero podía hacer que me durase un poco más
si me tranquilizaba. Sabía que el problema era la
inclinación de la órbita, el ángulo que la nuclear y yo
manteníamos con respecto al ecuador. La nuestra era un
poco más inclinada que la de mis camaradas. Por tanto, mi
trayectoria sólo coincidiría con la de la Célula 317 en dos
ocasiones: en los dos puntos de intersección que se
producirían una vez cada cuarenta y cinco minutos, en
lados opuestos del planeta. Era un poco como el famoso
reloj parado que da bien la hora dos veces al día. La última
vez que había dado bien la hora había sido quince minutos
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