Page 1277 - Anatema - Neal Stephenson
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algo así era demasiado complejo para evaluarlo de forma
racional durante un intercambio rápido de bloqueos y
ataques, y por tanto los espadachines que sobrevivían a
más de uno o dos encuentros debían estar haciendo «algo
diferente». Los avotos del Valle Tintineante habían
convertido ese «algo diferente» en su único objeto de
estudio y desarrollo. Jules Verne Durand lo entendió con
rapidez.
—También vale la comparación con juegos de tablero
complejos. Tenemos uno en Laterre, similar a alguno de
los vuestros, en el que el árbol de posibles movimientos y
contramovimientos se vuelve rápidamente demasiado
vasto para que el cerebro pueda examinar todas las
posibilidades. Los ordinatores, como llamamos a los
dispositivos sintácticos, pueden jugar de esa forma, pero
los jugadores humanos de éxito parecen emplear una
aproximación fundamentalmente diferente que depende
de ver todo el tablero, detectar ciertos patrones y aplicar
ciertas reglas globales.
—El Teglón —dijo fra Jad. Y no tuvo que decir nada más.
Todos habíamos presenciado la hazaña que había logrado
en Elkhazg y teníamos claro que no había sido por el
método de ensayo y error. No lo había hecho
construyendo a partir de un primer punto inicial. Había
tenido que ver todo el patrón a la vez.
—Eso es peligroso —dijo Jesry tajantemente—.
Acabaremos diciendo que debemos abandonar el Rastrillo
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