Page 1406 - Anatema - Neal Stephenson
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no posees. Y aquellos que la poseen están condenados a
una guerra interminable con aquellos que no la tienen.
—Bien —dijo Quin—, me parece que vas a pasar mucho
tiempo en esa piedra de Arsibalt.
—Bien, alguien tiene que hacerle compañía al pobre.
—Para gente como Flec o yo, ¿tienes algo? Aparte de
clavar estacas.
—La verdad es que estamos levantando algunas
estructuras permanentes —dije—, sobre todo en la isla. El
nuevo Magisterio precisa de un cuartel general. Una
capital. Has llegado a tiempo de ver cómo se pone la
primera piedra.
—¿Cuándo será?
Volví a reducir el paso. El sol estaba a punto de atravesar
las nubes.
—A las doce en punto.
—¿Tenéis reloj?
—Nos estamos ocupando de ello.
—¿Por qué hoy? ¿Es un día especial en vuestro
calendario?
—A partir de hoy lo será —dije—. Día cero, año cero.
La casualidad o la suerte nos había dotado con la mitad
de una calzada elevada a la isla: una torre de lanzamiento
había caído como un árbol alto frente al fuerte viento.
Estaba retorcida, fracturada y medio fundida, pero aun así
era todavía más que capaz de sostener el peso de humanos
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