Page 1403 - Anatema - Neal Stephenson
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uvas bibliotecarias. Unos meses antes, fra Haligastreme
nos había visitado desde Edhar y había traído cepas del
viejo viñedo de Orolo. Las habíamos plantado en el suelo
al pie de esos armazones y, desde entonces, visitaba con
regularidad la terraza para ver si las vides, despechadas,
estaban suicidándose. Pero no hacían más que echar
brotes nuevos. Nos encontrábamos cerca del ecuador,
pero a casi dos millas de altura, por lo que había mucho
sol pero la temperatura era moderada. ¿Quién hubiese
dicho que a los cohetes y las vides les gustaban los mismos
lugares?
Mientras descendíamos por el borde del lago, Quin, que
había guardado silencio un rato, se aclaró la garganta.
—Has mencionado que al entrar en este nuevo
Magisterio había que dejar algunas cosas atrás —me
recordó—. ¿Eso incluye la religión?
Una buena indicación de cómo habían cambiado las
cosas era que la pregunta no me puso nada nervioso.
—Me alegro de que lo preguntes —dije—. Me he dado
cuenta de que el artesano Flec ha venido contigo.
—Flec lo ha pasado muy mal. —Quin quería que yo lo
supiese—. Su mujer se divorció de él. El negocio no le ha
ido muy bien. Todo el asunto del Guardián del Cielo le
desequilibró por completo. Simplemente, necesitaba salir
de la ciudad. Luego Barb se ha pasado todo el viaje…
—¿Aplanándole?
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