Page 651 - Anatema - Neal Stephenson
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podían hacer hipótesis sobre lo que había a más de unos
pocos días de marcha de sus tortuosas costas. Resultó que
más de una vez pusieron más de un nombre a tierras
separadas por estrechos y golfos, pero que al ser
exploradas mucho después resultaron ser prolongaciones
de la misma gran masa de tierra que se adentraban en el
Mar de Mares desde direcciones opuestas. Pero para
entonces esos lugares se habían hecho un hueco en las
historias y los mitos clásicos con sus nombres antiguos,
que no podían ser arrancados de la cultura de la misma
forma que no podíamos arrancar una de las colosales
piedras angulares que sostenían la Seo.
Igualmente, durante el Resurgimiento, al otro lado del
mundo del Mar de Mares habían encontrado tierra que
habían considerado un nuevo continente y cartografiado
como tal. Pero siglos más tarde se había descubierto que
sus extremos más septentrionales se extendían por el polo
Norte y de ahí al Sur hasta el Mar de Mares. No era un
nuevo continente, sino parte de un continente más antiguo
y bien conocido. Nadie lo había sospechado jamás porque
incluso los aborígenes que sabían cómo vivir en casas de
hielo no se aventuraban mucho más allá de los ochenta
grados de latitud norte. Para demostrar que el «viejo» y el
«nuevo» continente eran uno solo fue necesario llegar
hasta los noventa grados de latitud norte —al polo
Norte— y luego descender hasta ochenta grados o menos
por el otro lado. Tal gesta no se había logrado hasta el
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