Page 700 - Anatema - Neal Stephenson
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—Estoy  seguro  de  que  mantienen  conversaciones


          fascinantes —me respondió Sammann.



            Un par de horas más tarde, cuando hubimos tapado las


          ventanas para intentar dormir, todo se puso a zumbar y a

          vibrar. Hubo una sacudida que tiró la mitad de las cosas.

          Gnel y yo nos bajamos las cremalleras de las perneras de


          nuestros trajesacos, corrimos a la pasarela y miramos para

          ver  el  hielo  levantarse  en  nubes  centelleantes  a  medida

          que  era  aplastado  por  cambios  imperceptibles  de  los


          segmentos de las orugas. Corrimos hacia el extremo de la

          pasarela, donde una escalera llevaba casi hasta la nieve,


          saltamos, pusimos en marcha el triciclo y salimos pitando

          hacia el trineo plano. Los golpes explosivos resonaban de

          un  lado  a  otro  del  tren  a  medida  que  la  locomotora


          avanzaba y empezaba a tirar. Un par de las rampas del

          trineo  plano  se  arrastraban  por  el  hielo  para  realizar


          cargamentos de último minuto… Pasaría todavía media

          hora  antes  de  que  el  tren  se  moviese  de  verdad.

          Ascendimos  por  una,  esquivamos  unos  drumones


          encajados  en  un  espacio  muy  pequeño  y  llegamos  al

          transbor  de  Gnel.  Subimos  el  triciclo  por  las  rampas  y

          guardamos las tablas bajo el transbor. Luego pasamos un


          rato sacando el anticongelante de los motores de los tres

          vehículos  y  almacenándolo  en  frascos  de  poli.  Cuando

          terminamos,  el  tren  se  movía  más  rápido  de  lo  que


          podíamos  caminar,  así  que  avanzamos  siguiendo  el



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