Page 763 - Anatema - Neal Stephenson
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nuestro barco habría atracado en una terminal de
pasajeros de ese distrito. El tercer brazo era el más antiguo.
Se había levantado con piedra y ladrillo mil años antes de
la Reconstitución, en la era en que los barcos se movían
por la potencia del viento y se descargaban a mano.
Aparentemente todavía había demanda para esas
instalaciones, porque de sus muelles de piedra
continuamente entraban y salían naves más pequeñas.
La ciudad vieja y las instalaciones portuarias estaban
construidas sobre terreno ganado al mar, con redes de
canales, estrechos y tortuosos en la Vieja Mahsht, en
perfecta línea recta en los sectores comerciales y militares.
Gran parte del terreno que separaba los brazos del fiordo
era demasiado empinado para construir. Las elevaciones
de piedra sostenían antiguos castillos, casinos de lujo y
estaciones de radar. En las afueras el terreno era todavía
más escabroso: una neblinosa pared verdinegra de la que
surgían construcciones irreconocibles, en ángulos
extraños, hasta una milla de altura. Alwash me explicó
que eran los lugares donde la gente pagaba para deslizarse
nieve abajo. En ese momento no me apeteció demasiado.
Un día después llegó un remolcador para llevarnos a
atracar en la Vieja Mahsht. Según los habituales, tal cosa
no había pasado nunca… siempre iban al «nuevo» distrito
comercial. Por tanto, mientras estaba muy concentrado en
el funcionamiento del remolcador y en apreciar las vistas
cambiantes de los almacenes, arcas, catedrales y edificios
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