Page 759 - Anatema - Neal Stephenson
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oyó de boca del Condenado la historia de Brajj, «Vit», Laro
y Dag, no llegó a la conclusión de que fuese preciso
ejecutarle. En el peor de los casos, era un testimonio
neutral. Me sentí enormemente aliviado al oírlo y de
inmediato me odié a mí mismo por dejarme manipular
emocionalmente por un mago de feria.
Si yo seguía sintiéndome mal por lo sucedido, concluyó
Sark, debía intentar hacerlo mejor la próxima vez que el
Condenado considerase adecuado relatar parte de mis
asuntos al tribunal celestial.
Algunos de los otros tenían historias todavía peores para
contar. No pude creer algunas de las que oí. Yo no era el
único primerizo en la congregación; quedaba claro por las
sonrisitas en otras caras que a ellos también los habían
obligado a asistir. Sospechaba que algunos embellecían
sus historias para comprobar si podían escandalizar al
magíster.
Aparentemente, las reglas del oficio eran que, una vez
que los presentes hubiesen dicho todo lo que tenían que
decir, el magíster concluyera la sesión con palabras
jubilosas.
—Nuestra costumbre desde antaño ha sido declarar que
el juicio final del Magistrado se acerca. Se acerca
eternamente. Pero hoy os digo que está aquí. ¡Los signos y
portentos lo han dejado claro! ¡El Magistrado, o su
alguacil, ha sido visto en los cielos! Ha vuelto su ojo rojo
hacia los avotos en sus concentos y los ha juzgado. ¡Ahora
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