Page 921 - Anatema - Neal Stephenson
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totalmente doblado sobre el desagüe y perdí por completo
el control. Por ese desagüe se fueron muchas cosas.
Había vivido aventuras que habrían sido historias
geniales de no ser porque Orolo se había evaporado ante
mis ojos. Nuestra aeronave, junto con varias más, había
volado a la siguiente isla contra el viento y aterrizado en
la playa, dispersando a la multitud de lugareños reunidos
para tomar vino y presenciar la erupción de Ecba. Otras
aeronaves se habían quedado sin combustible y habían
caído al mar. Como se habían deshecho de los botes
salvavidas para que cupieran más pasajeros, muchos de
ellos se habrían ahogado de no ser por los avotos, que
podían convertir fácilmente sus esferas en flotadores. Una
segunda oleada de comandos aéreos los había sacado del
agua y llevado a la misma playa donde esperábamos los
demás. El Poder Secular tomó el control de la zona y la
acordonó. Nos habían tirado tiendas y levantamos nuestro
propio campamento, Nueva Orithena, incluido un
claustro de lona en medio y un reloj digital sobre un palo,
donde celebrábamos Provenir. Celebramos el auto de
réquiem por Orolo y todos los que no habían sobrevivido.
Mientras tanto, los militares levantaron tiendas enormes a
nuestro alrededor, nos hicieron pasar por ellas desnudos,
nos rociaron con un producto químico sin especificar, y
nos dieron bolsas de plástico para la orina y los
excrementos. Pasamos unos días viviendo de raciones
militares, vistiendo monos de papel que se suponía
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