Page 140 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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Estaba convencido de que si anteriormente se había dado
algún caso semejante, debía estar registrado en la
conciencia electrónica de las máquinas.
Durante un momento, Rorden se concentró
profundamente en sus pensamientos. Después, lentamente
al principio pero con confianza creciente a continuación,
comenzó a ubicar pregunta tras pregunta en sus aparatos,
hasta que todos los Asociadores de la sala se encontraron
trabajando a plena capacidad. Por medios que en esos
momentos estaban por encima de la capacidad de
comprensión del hombre, billones y billones de datos y
hechos fueron pasando por los analizadores. No le
quedaba otra cosa que hacer sino esperar las respuestas…
En años subsiguientes, Alvin tuvo frecuentes ocasiones
de maravillarse de su fortuna. Si el Archivero Mayor
hubiera sido poco amable con él, su tarea ni siquiera habría
comenzado realmente. Pero Rorden, pese a la diferencia de
edad que había entre él y el muchacho, compartía de algún
modo su propia curiosidad. En el caso de Rorden se trataba
sólo del deseo de descubrir conocimientos olvidados o
perdidos. Conocimientos de los que jamás haría uso, pues,
como el resto de Diaspar, sentía ese común temor por el
mundo externo que Alvin encontraba tan poco
comprensible. Así, por muy estrecha que se fuese haciendo
su amistad, siempre aparecía entre ellos esa barrera que
nada podía derrumbar.
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