Page 19 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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Treinta segundos más tarde las dos figuras entraron en

         el  estudio  y  dirigieron  una  mirada  sorprendida  a  su

         entorno. Él, Richard Peyton, que no necesitaba un número


         de orden, era un hombre que podría haber sido tomado por

         sexagenario, aunque su edad era tres veces superior.

                Vestía la túnica púrpura que sólo podían llevar veinte


         hombres en toda la Tierra, y poco más de un centenar en

         todo el Sistema Solar. Parecía irradiar autoridad. A su lado,

         incluso  su  hijo,  famoso  y  seguro  de  sí  mismo,  resultaba

         insignificante e inconsecuente.


                —Bueno, ¿dónde se ha metido?

                —¡Qué Dios le confunda! Se ha ido por la ventana. Al

         menos podremos decirle lo que pensamos de él.

                Disgustado, Richard Peyton II manipuló en su muñeca


         y marcó un número de ocho cifras en su intercomunicador

         personal.

                La respuesta llegó casi de inmediato.


                Una  voz  clara,  impersonal,  automática,  comenzó  a

         repetir ininterrumpidamente:

                —¡Mi amo está durmiendo! ¡Por favor, no le molesten!

         ¡Mi amo está durmiendo! ¡Por favor, no le molesten!…


                Con  aire  de  disgusto  y  una  exclamación  adecuada,

         Richard  Peyton  II  desconectó  su  intercomunicador  y  se

         volvió a su padre.

                El  anciano  chasqueó  la  lengua  y  seguidamente


         comentó:




                                                                                                            18
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