Page 23 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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destinado a ello y, a pie, se dirigió a la más próxima puerta

         de entrada. El rítmico resonar de las grandes olas al romper

         sobre las rocas, a unos ochenta metros de distancia, era un


         sonido que jamás dejaba de impresionarle.

                Se detuvo por un momento junto a la entrada y aspiró

         una  profunda  bocanada  de  aire  fresco  y  salino  mientras


         contemplaba  las  gaviotas  y  las  aves  migratorias  que

         revoloteaban en círculo sobre la torre. Venían usando ese

         trozo  de  tierra  en  medio  del  océano  como  lugar  de

         descanso desde los tiempos más remotos, cuando todavía


         el hombre contemplaba la aurora con sus ojos desnudos y

         asombrados preguntándose si se trataría del nacimiento de

         un dios.

                La Oficina de Genética ocupaba unos cien pisos en las


         proximidades del centro de la torre. Peyton había tardado,

         en su nave, apenas diez minutos en alcanzar la Ciudad de

         la Ciencia. Y necesitó casi el mismo tiempo, una vez en ella,


         para  localizar  al  hombre  que  andaba  buscando en  todos

         aquellos kilómetros cúbicos de oficinas y laboratorios.

                Alan Henson II seguía siendo uno de los amigos más

         íntimos  de  Peyton,  aun  cuando  había  dejado  la


         Universidad de Antártida dos años antes que él y se había

         dedicado al estudio de las ciencias biogenéticas en vez de

         la  ingeniería.  Cuando  Peyton  tenía  problemas,  cosa  no

         demasiado  infrecuente,  hallaba  en  la  calma  y  el  sentido


         común de su amigo un poderoso tranquilizante. Resultaba




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