Page 204 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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de la historia había pasado y la raza humana se movía hacia
un futuro nuevo y extraño.
El sol apenas si aparecía ya sobre la muralla oriental de
Lys cuando los dos muchachos llegaron a los límites del
bosque. Allí la naturaleza había vuelto por sus fueros;
incluso Theon parecía desconcertado, perdido entre los
árboles gigantescos que bloqueaban los rayos solares y
lanzaban manchas sombrías en el suelo de la jungla.
Afortunadamente, el río que se formaba con las aguas de la
catarata se deslizaba hacia el Sur en una línea demasiado
recta para ser natural y, siguiendo a sus orillas, se podía
evitar la espesura. Theon gastaba una buena parte de su
tiempo controlando a Krif, que desaparecía ocasionalmente
en la jungla y volaba libremente sobre las aguas. Incluso
Alvin, para quien todo esto era demasiado nuevo, podía
darse cuenta de que el bosque ejercía una fascinación que
no poseían los pequeños campos y praderas cultivadas del
norte de Lys. No había muchos árboles iguales: la mayor
parte de ellos se hallaban en otras etapas de su evolución y
muchos habían vuelto, a través de las Eras Histórico‐
geológicas, a recuperar casi todas sus formas naturales.
Muchos de ellos, obviamente, no provenían de la Tierra y,
quizá, ni siquiera del sistema solar. Vigilando como
centinelas sobre otros árboles más bajos estaban las
gigantescas secoyas, muchas de las cuales pasaban de los
cien o los ciento veinticinco metros de altura.
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