Page 199 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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precipitaba  el  agua  hasta  el  valle,  observando  el  último

         Niágara y las tierras desconocidas que había tras el valle.

                Se trataba de unas tierras distintas de las de la zona que


         acababan de dejar tras ellos. Daban la impresión de estar

         desiertas  y  vacías.  Podían  suponer,  sin  temor  a

         equivocarse, que el hombre no había vivido allí desde hacía


         muchos, muchísimos años.

                Theon respondió a la pregunta, no pronunciada, de su

         amigo, con naturalidad.

                —En cierta época —le explicó—, la totalidad del país


         de  Lys  estaba  deshabitado.  Pero  de  esto  hace  ya  mucho

         tiempo.  En  aquellos  días  sólo  los  más  diversos  animales

         pacían a su placer por estas tierras.

                Realmente, allí no podía apreciarse la menor señal de


         vida humana.

                Ninguno de aquellos calveros que se veían era obra del

         hombre,  ni  tampoco  encauzados  y  controlados  por  la


         inteligencia humana ninguno de los ríos.

                Sólo en un lugar había indicaciones de que el hombre

         hubiera estado y habitado allí en épocas remotas: a muchas

         millas  de  distancia,  unas  ruinas  blancas  y  solitarias


         destacaban entre el bosque como una presa capturada. Por

         lo  demás,  en  todas  partes,  la  jungla  había  vuelto  a

         adueñarse de la tierra.










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