Page 211 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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e inconmensurable.

                Ante ellos se abrió un gran anfiteatro, entrecruzado por

         cúmulos  de  cascotes  que  debían  señalar  el  lugar  de  las


         máquinas enterradas. Antaño, la totalidad de ese tremendo

         espacio debió estar vacío, pero hacía ya mucho tiempo que

         el techo se había desplomado. Sin embargo, la vida tenía


         que  seguir  existiendo  en  alguna  parte,  en  medio  de  esa

         tremenda  desolación  y  Alvin  pensó  que  esas  ruinas

         posiblemente sólo eran superficiales. La mayor parte de la

         fortaleza debía permanecer edificada bajo tierra, libre del


         alcance de las garras del Tiempo.

                —Tenemos que regresar al mediodía —dijo Theon—

         porque no nos podemos quedar mucho tiempo. Podremos

         realizar nuestra exploración más concienzudamente si nos


         separamos.  Yo  me  haré  cargo  de  la  parte  oriental  y  tú

         puedes  explorar  este  otro  lado.  Grita  llamándome  si

         encuentras algo interesante, pero no te alejes demasiado.


                Se separaron. Alvin comenzó a trepar sobre los restos

         de rocas y casquetes, bordeando los grandes montones de

         rocas. Cerca del centro del anfiteatro, se halló de repente en

         un pequeño espacio circular libre de obstáculos y liso, que


         debía tener unos doce o quince metros de diámetro. Había

         sido  cubierto  por  las  yerbas,  pero  éstas  estaban  secas  y

         ennegrecidas  por  el  tremendo  calor  y  se  convertían  en

         cenizas cuando las pisaba. En el centro del círculo había un


         trípode  que  sostenía  una  especie  de  recipiente  de  metal




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