Page 217 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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tanto excéntrico, pero amistoso.
Desde la puerta abierta en el muro una amplia escalera
de caracol descendía unos metros. Terminaba en una
pequeña cámara circular de la cual partían varios
corredores. Pero no había posibilidad de que se
equivocaran de camino pues todos los pasos, excepto uno,
estaban bloqueados por escombros y bloques pétreos.
Alvin y Theon habían avanzado sólo unos metros
cuando se encontraron en una amplia habitación
increíblemente sucia, llena de una gran variedad de los más
extraños objetos. Uno de los rincones alejados de la cámara
estaba lleno de aparatos domésticos —sintetizadores,
destructores, equipos de limpieza y cosas semejantes—
que, normalmente, uno espera que estén escondidos entre
los muros y bajo el suelo. En torno a ellos se apilaban cajas
llenas de discos de pensamientos y transcriptores,
formando una serie de pirámides que casi llegaban al
techo. La habitación, en conjunto, resultaba poco
confortable, muy calurosa debido a la presencia de una
docena de fuegos perpetuos repartidos por el suelo.
Atraído por la radiación, Krif voló hacia una de las esferas
de metal y extendió sus alas ante ella… Y se quedó
dormido de inmediato.
Pasó un rato antes de que los muchachos se dieran
cuenta de que el anciano y sus máquinas los estaban
esperando en un pequeño espacio libre de objetos que le
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